Leyenda japonesa (me gusto)

Publicado: septiembre 23, 2013 en Uncategorized

“Existe un hilo invisible que conecta a aquellos que están destinados a conocerse, sin importar tiempo, lugar o circunstancia”

Esta leyenda mágica nace en Japón como parte de un sistema de creencias arraigadas en su folclore, como una especie de superstición. Según ésta, existe un hilo invisible que une a las personas que están destinadas a encontrarse y forjar fuertes lazos afectivos. De este mito se derivan dos hermosas historias. La primera es sobre un anciano que vive en la Luna, que cada noche baja a la Tierra en busca de las almas predestinadas a conocerse y las ata con un hilo rojo para que no se pierdan.

La otra historia (y la más difundida) es sobre un emperador que un día se enteró sobre las asombrosas facultades de una bruja que vivía en una de sus provincias, ella tenía la capacidad de ver el hilo rojo del destino. Por lo tanto, el emperador deseoso de saber quién sería su amada hizo que le trajeran a la bruja.

Cuando la hechicera finalmente estuvo ante el emperador, éste le ordenó que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado en su meñique, con el propósito de encontrar a la que sería su esposa. La bruja acatando lo que se le había ordenado, comenzó la búsqueda que los condujo hasta un menesteroso mercado donde una pobre campesina con un bebé en los brazos ofrecía su mercancía.

Al encontrarse el joven emperador frente aquella andrajosa mujer, la bruja le indicó que allí terminaba su hilo. El emperador enfurecido por lo que había dicho la hechicera, empujó a la campesina que aún llevaba al bebé en brazos, la niña cayó al suelo haciéndose una gran herida en su frente. El emperador aún resentido por aquella burla a su persona, ordenó que ejecutaran a la bruja.

Los años transcurrieron y el emperador debía casarse, su corte le recomendó desposarse con la hija de un importante general, consejo que aceptó. Llegado el momento de la boda el emperador aún no sabía quién sería su esposa, así que esperaba con ansias descubrir el rostro de aquella mujer. La novia entró en el templo con un hermoso kimono blanco y un gorro que dificultaba ver su cara. Cuando finalmente aquella mujer se encontró frente a frente con el emperador, alzó la mirada dejando ver sus hermosas y cautivantes facciones, pero su futuro esposo no sólo estaba sorprendido por su belleza sino por aquella cicatriz que surcaba su frente, ella era la niña del mercado.

¿Realmente existe una fuerza invisible e indestructible que nos une a otra persona? Se cree que este hilo es irrompible, se puede enredar, tensar pero jamás cortar. Esta especie de mito cobró mayor credibilidad cuando se supo que una arteria principal conectada al corazón atravesaba todo el brazo hasta llegar al meñique, por lo que se le atribuyo como explicación a la conexión emocional entre los corazones de los que debían encontrarse.

Superchería o no, lo cierto es que en el mundo existen historias que dan fe de los enredados e intricados laberintos de las casualidades que usualmente llamamos “destino” y de las que nadie puede escapar.

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